Programas de liderazgo ¿una buena solución?

Los líderes contribuyen al buen clima de la organización, por lo que constantemente deben aprender, enseñar e inspirar a su equipo de trabajo.

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El liderazgo es una clave importante en las organizaciones por lo que se debe practicar todos los días, y así inspirar a los colaboradores de la organización, lo cual permitirá que estos enfrenten cualquier reto que se presente y, en consecuencia, se eleve la productividad.

En virtud de ello, Ángel Hernández Murillo, Creador de Contenidos de Great Place to Work® México, comenta cómo se logra el liderato.

Objetivo del liderazgo

El foco del liderazgo es motivar e influir a las personas a través de la inspiración, persuasión y convencimiento, y al mismo tiempo, hacerlas crecer, desarrollando sus habilidades hacia el cumplimiento de objetivos. En caso contrario, solo sería demagogia y una “lista muerta” de buenos deseos.

 

Roberto Mourey, presidente y fundador del Instituto Mettaliderazgo, comparte que la primera condición para conseguir un liderazgo efectivo es rodearse de la gente adecuada. Esto es, personas con valores, que crean en el proyecto que se les propone o simpaticen con la visión de la organización a la que se sumen. El segundo paso es desarrollarlas en sus talentos para, en tercer lugar, generar convicción.

 

El desarrollo del líder, al estar en el medio del proceso, juega un papel importante para influir en el resto de los equipos. Mourey recomienda que cuando se piense en formación se tenga presente la frase de Peter Schutz (ex CEO y factor clave en el crecimiento de la automotriz Porsche en los 80), “contrata carácter y entrena habilidades”. Y el carácter se forja todos los días y se moldea con disciplina y una formación adecuada.

No es una receta exprés

Un programa de formación presencial o en línea, por sí solo, no suma a la transformación de un líder y una cultura en el trabajo.

Se suele creer que luego de dos o tres días de curso intensivo un ejecutivo regresará hecho un líder, pero no es así. Para el fundador del Instituto Mettaliderazgo, en general, los seres humanos aprendemos en un proceso que se divide en 70 % práctica real en el trabajo; 20 % de coaching y retroalimentación de compañeros, y un 10 % de formación formal. Y justo ese 10 % debe pasar a la práctica para que los cambios se perciban y sean efectivos.

Entonces, cuando un ejecutivo se inscribe a un programa de liderazgo ataca apenas el 10 % de lo que es su formación; el aprendizaje de aquel se fortalece al enseñar a otros lo que sabe o ha aprendido. Además, de que se prepara por doble partida, porque al instruir refuerza sus conocimientos.

Por ello, el beneficio aparece con la internalización de lo que se aprende y de los comportamientos que posteriormente se ejecutan en el día a día.

Roberto Mourey asegura que todas las personas son líderes. Si liderar es influir, todos los días nos influimos a nosotros mismos para levantarnos temprano, hacer o no ejercicio, comer o no una dieta sana, así que todo el tiempo estamos utilizando nuestro poder de influencia hacia nosotros y con los demás. Por ende, desde el momento en que nos motivamos y buscamos repercutir en los demás, ya existe un liderazgo.

En ese sentido, para lograr las metas, debemos fortalecer nuestra capacidad de guiarnos y con el apoyo de un adecuado programa, se puede poner atención en cómo ser una mejor persona, o crecer nuestra capacidad de automotivarnos e impulsar a los demás. 

Podrían parecerse, pero…

Para lograr efectividad en el tema, es recomendable acercarse a cursos que ofrezcan instituciones reconocidas. No significa las más caras, sino aquellas que por referencia, se conozca que forman a líderes con mejores habilidades.

Una de las claves para saberlo, es que en sus programas o cursos, ponen en el centro de la estrategia a la persona, ello con miras a impactar en la cultura de la organización y en los resultados del negocio. Proponen un profundo autoconocimiento para que en adelante, los líderes sepan tomar mejores decisiones para ellos y para los demás.

Distintos estudios demuestran que entre mejor habilidad tenga un líder para conocerse a sí mismo y a su gente, tomará mejores decisiones al identificar los intereses y las motivaciones de las personas a su cargo.

Por ejemplo, la inteligencia emocional, como materia de enseñanza, ayuda a lograr un mejor trabajo colectivo. Cuando uno conoce profundamente a su equipo, tiene claridad de qué es lo que quieren y pueden lograr. Así, se genera una más rápida y efectiva asignación de responsabilidades.

¿Hay liderazgo en mi organización?

Diversos ejecutivos y directores de empresas se preguntan si existen indicadores que midan la efectividad de un buen liderazgo. Al respecto, Roberto Mourey comenta que la interrogante podría equiparse a la de si se puede medir el amor que una madre tiene por su o sus hijos.

De cierto no existe una métrica; sin embargo, los efectos sí se pueden ver. Un niño que crece con la atención de sus padres se convierte en un adulto seguro de sí, con valores y útil para la sociedad.

Lo mismo pasa cuando una organización cuenta con un buen liderazgo, los resultados en el negocio son visibles, los colaboradores se muestran dispuestos a dar lo mejor y si esa empresa decide medir su clima laboral, tendrá buenos resultados. Estos logros pueden, por ejemplo, posicionarla en un ranking de los Mejores Lugares para Trabajar®. Por eso es que en la práctica las organizaciones descubren la trascendencia de contar con líderes comprometidos y bien formados.

La calidad del liderazgo de una persona o una organización se puede evaluar debido a sus resultados. Si son malos, es simple, el equipo directivo y gerencial no está influyendo en su gente: colaboradores, proveedores, clientes, incluso autoridades. Por eso no se debe perder de vista que la responsabilidad de un líder es desarrollarse y hacer crecer a su equipo, pero si este carece de preparación, no se puede esperar que fortalezca y lidere la cultura organizacional.

En este punto radica la importancia de acercarse a los expertos, que en su caso, lleven a que una organización se certifique y en consecuencia, atraiga al mejor talento, lo desarrolle y retenga. Cuando una organización decide medirse, pasan cosas interesantes. De entrada, descubre en qué puede mejorar y cómo hacerlo; enseguida, conoce si cuenta con los colaboradores adecuados y finalmente, sabe cómo desarrollar su potencial humano para que al final, este influya en los resultados del negocio.

Como siempre, la constancia

El trabajo del buen líder no acaba con uno o dos cursos que tome. En realidad, debe estar preparado de forma constante porque los retos no serán siempre los mismos.

Roberto Mourey dice que además, la organización debe tener las condiciones necesarias para que puedan operar los cambios. De nada sirve que se mande a capacitar a un buen ejecutivo si al regresar no existe, por ejemplo, el clima laboral para poner en práctica lo que hubiese aprendido. Por eso, el primer paso hacia la transformación de una organización está en reclutar antes a las personas correctas, esto es, dispuestas a hacer realidad una cultura de éxito. 

“Cuando un tulipán no florece, ajusta el entorno, no a la flor”, menciona Mourey, recordando una frase de Alexander Den Heijer. De esta manera si una persona no se está desempeñando como se espera, antes de mandarla a un entrenamiento, es necesario revisar el contexto que existe en la organización, ¿Qué factores hacen que no se desempeñe bien?

Un buen liderazgo entonces contribuye a la construcción de ese contexto, donde se desea que existan determinados comportamientos para que una vez conseguidos, crezcan, de forma natural, las habilidades que se requieren para el cumplimiento de objetivos.

El liderazgo debe verse como una actividad física, todos los días se tiene que ejercitar como un músculo. El liderazgo no es un destino en sí, es un constante viaje que se nutre de lo que se aprende, se enseña e inspira a cada momento y para cada reto que se presente.

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